septiembre 24, 2022

Productiva, sostenible y equilibrada con el ambiente: así debe ser la ganadería del siglo XXI en Latinoamérica

El informe de Deloitte, Desarrollo de un sector agropecuario sostenible en América Latina, aborda la gran responsabilidad del sector pecuario frente al cambio climático y explica cómo una adecuada gestión puede desempeñar un papel clave en la reducción de las emisiones de dióxido de carbono.

La explotación ganadera es fundamental para la mayoría de los países de América Latina, debido a que constituye uno de los principales sectores de exportación y representa la base de la seguridad alimentaria de la población. Sin embargo, actualmente, el sector es responsable del 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), una de las principales causas del calentamiento global. Por lo tanto, se requiere implementar metodologías innovadoras para equilibrar con éxito el complejo vínculo entre el cambio climático, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad del trabajo en el campo.

La agricultura climáticamente inteligente, o como se le conoce en inglés, climatesmart agriculture, es un nuevo enfoque del sector que contribuye a solucionar los problemas actuales del sector agropecuario, ya que permite identificar y plantear estrategias acordes con las necesidades locales, nacionales e internacionales, a la vez que toma en cuenta las oportunidades para impactar positivamente al cambio climático.

Más aún, ante la pandemia del COVID-19, que ha puesto de manifiesto la preocupación por la seguridad alimentaria y la fragilidad de los sistemas económicos en América Latina, resulta esencial enfocar los esfuerzos hacia modelos de producción agropecuarios sostenibles.

Cada año la ganadería tiene un mayor impacto en el ambiente

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, establece que los principales problemas ambientales ocasionados por la explotación ganadera están vinculados a la degradación de la tierra por el sobrepastoreo, la deforestación como consecuencia de la expansión tierras para el cultivo y pastizales, las emisiones de GEI (principalmente, dióxido de carbono y metano), así como la contaminación asociadas a la regresión de los sistemas agrícolas mixtos y al aumento de los sistemas ganaderos de explotación intensiva.

Por su parte, el estudio Feeding the world sustainably señala que más de una quinta parte de las emisiones de GEI en el mundo procede del sector agropecuario, principalmente de la ganadería; y estima que, si no se toman acciones significativas, para el año 2050 las emisiones podrían aumentar entre un 15 y un 20 por ciento más.

¿Cómo la ganadería puede disminuir su impacto ambiental?

De acuerdo al informe de Deloitte, el enfoque de la agricultura climáticamente inteligente se basa en técnicas agropecuarias eficientes y productivas para reducir el impacto medioambiental del sector, disminuir de forma sustancial las emisiones de dióxido de carbono y producir alimentos más saludables. Los principales actores del sector agroindustrial a nivel mundial han llegado a un consenso con respecto a las medidas de mayor impacto para minimizar las emisiones de GEI provenientes de la cadena de suministro de la ganadería.

En ese sentido, las tierras de pastoreo son fundamentales, ya que los pastizales y el follaje contribuyen a mitigar el cambio climático global al utilizar la fotosíntesis de las plantas para almacenar el CO2. De esta forma, se crea un círculo virtuoso de regeneración, productividad y rentabilidad en la ganadería.

Otro mecanismo que aumenta significativamente la captura de carbono en el suelo es la gestión del ganado mediante el pastoreo de corta duración y alta densidad. El proceso consiste en sustituir los largos periodos de pastoreo continuo por programas de pastoreo intenso, durante un corto periodo y con alta densidad de animales.

Para lograr una ejecución exitosa, es importante identificar la cantidad óptima de potreros en función de la carga de ganado, independientemente del tamaño de la explotación. Como resultado, se consigue mejorar la productividad y la sostenibilidad de los pastizales, así como del ganado y, a la vez, la captura de dióxido de carbono por área aumenta de un 30 a 50 por ciento.

Adicionalmente, la mayoría de las emisiones de metano del estiércol provienen de los corrales de producción de ganado de engorde a gran escala. Para responder a esta situación, existen opciones de mitigación de GEI a través de la captura de metano con el uso de recolectores de biogás para cubrir las instalaciones de almacenamiento de estiércol. Ello trae como beneficio que el metano capturado puede quemarse o utilizarse como fuente de energía.

Las granjas lecheras, actualmente, utilizan una gran cantidad de combustible fósil. Esta energía se usa en diferentes etapas, especialmente en el proceso de ordeño, enfriamiento y almacenamiento de la leche, así como en el calentamiento de agua, la iluminación y la ventilación. Por lo tanto, estos lugares tienen un gran potencial para aumentar su eficiencia energética mediante la agricultura climáticamente inteligente.

¿Dejar de comer carne?

El estudio de Deloitte concluye que, al ser la industria agropecuaria una importante fuente de emisiones de GEI, es común encontrarse con mucha información o mensajes que desincentiven la producción y el consumo de carne y lácteos, productos clave en las economías y en la alimentación latinoamericana. Sin embargo, todas las medidas anteriormente mencionadas constituyen un nuevo y favorable ecosistema para el sector, pues, a la vez que procura satisfacer las necesidades alimentarias del mundo, promueve la reducción eficiente, incluso más que en otras industrias.

A fin de cuentas, para el ciudadano que realmente quiere tener un impacto significativo en el ambiente, dejar de comer productos de origen animal no es una medida imprescindible.

Pablo Verra Y Claudia Restrepo – Socio de Asesoría Financiera en Deloitte Argentina Socia de Asesoría en Riesgos en Deloitte México

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