septiembre 24, 2022

La creciente incertidumbre causada por la COVID-19 ensombrece las perspectivas agrícolas a medio plazo

La lucha contra la pandemia mundial de COVID-19 está causando una incertidumbre sin precedentes en las cadenas mundiales de suministro de alimentos, con posibles dificultades en el mercado laboral, las industrias de insumos, la producción agrícola, la elaboración de alimentos, el transporte y la logística, así como cambios en la demanda y los servicios alimentarios. A corto plazo, las consecuencias económicas y sociales de la pandemia interrumpen unas perspectivas en general positivas a medio plazo de la producción agrícola y el consumo de alimentos a nivel mundial. Según un nuevo informe presentado hoy por el Secretario General de la OCDE, Ángel Gurría, y el Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), QU Dongyu, los gobiernos se enfrentan al reto de elaborar políticas equilibradas que aborden las necesidades inmediatas -como la escasez de mano de obra-, y de crear condiciones duraderas para que el sector agrícola se pueda «reconstruir mejor».

El informe conjunto Perspectivas agrícolas OCDE-FAO 2020-2029 indica que en los próximos diez años el crecimiento de la oferta superará al de la demanda, lo que hará que los precios reales de la mayoría de los productos básicos se mantengan en sus niveles actuales, o por debajo de ellos. Las fluctuaciones de los factores que impulsan la oferta y la demanda podrían dar lugar a fuertes variaciones de precios. Al mismo tiempo, se prevé que la disminución de la renta disponible en los países y hogares de bajos ingresos por la COVID-19 frene la demanda en los primeros años de esta perspectiva y socave aún más la seguridad alimentaria.

El aumento de la población mundial sigue siendo la causa principal del crecimiento de la demanda, aunque las pautas de consumo y las tendencias previstas varían de un país a otro en función de su nivel de ingresos y desarrollo. Se prevé que la disponibilidad media de alimentos per cápita alcanzará unas 3 000 kcal y 85 g de proteínas al día para 2029. Debido a la actual transición de la dieta mundial hacia un mayor consumo de productos animales, grasas y otros alimentos, se calcula que la proporción de alimentos básicos en la cesta de la compra disminuya para 2029 en todos los grupos de ingresos. En particular, se espera que los consumidores de los países de ingresos medios utilicen sus ingresos adicionales para cambiar sus dietas, pasando de alimentos básicos a productos de mayor valor. Mientras tanto, la preocupación por el medio ambiente y la salud en los países de ingresos altos debería impulsar la transición desde proteínas de origen animal hacia fuentes alternativas de proteína.

Unos mercados internacionales abiertos y transparentes serán cada vez más importantes para la seguridad alimentaria, en especial en los países en que las importaciones representan una gran parte de su consumo total de calorías y proteínas. «Un sistema comercial internacional previsible y que funcione correctamente puede ayudar a garantizar la seguridad alimentaria mundial y permitir que los productores de los países exportadores prosperen», aseguró Gurría. «La experiencia ha demostrado -añadió- que las restricciones al comercio no son la fórmula para lograr la seguridad alimentaria».

Por su parte, el Director General de la FAO señaló que «necesitamos mejores políticas, más innovación, más inversiones y una mayor inclusión para crear sectores agrícolas y alimentarios dinámicos, productivos y resilientes».

Se prevé que alrededor del 85 por ciento del crecimiento de la producción agrícola mundial en el próximo decenio provenga de mejoras en los rendimientos derivadas del mayor uso de insumos, inversiones en tecnología de producción y mejores prácticas agrícolas. Las cosechas múltiples al año representarán otro 10 por ciento del crecimiento de la producción, quedando un 5 por ciento restante para la expansión de las tierras agrícolas. Para 2024, se prevé que la producción de la acuicultura supere a la pesca de captura como la fuente más importante de pescado en todo el mundo. Al mismo tiempo, se calcula que la producción ganadera mundial aumente un 14 por ciento, más rápido que el aumento esperado del número de animales. El uso de piensos se ampliará en línea con la producción acuícola y pecuaria, ya que las mejoras en la eficiencia de los piensos se verán contrarrestadas por un aumento de la intensidad de los mismos debido a la reducción de la agricultura doméstica.

En el informe Perspectivas se subraya la necesidad permanente de invertir en la creación de sistemas alimentarios productivos, resilientes y sostenibles de cara a las incertidumbres. Más allá de la COVID-19, los desafíos actuales incluyen la invasión de langostas en África oriental y Asia, la continua propagación de la peste porcina africana, el aumento de la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos y las tensiones comerciales entre las principales potencias comerciales. Los sistemas alimentarios tendrán también que adaptarse a la evolución de las dietas y las preferencias de los consumidores y aprovechar las innovaciones digitales en las cadenas de suministro agroalimentarias. La innovación seguirá siendo fundamental para mejorar la resiliencia de los sistemas alimentarios frente a múltiples desafíos

Suponiendo que se mantengan las políticas y tecnologías actuales, se prevé que las emisiones de gases de efecto invernadero de la agricultura aumenten un 0,5 por ciento al año, lo que indica una reducción de la intensidad de carbono de la agricultura. La ganadería representará el 80 por ciento de este aumento mundial. No obstante, sin esfuerzos adicionales, esta desaceleración seguirá estando por debajo de lo que el sector agrícola podría y debería hacer para contribuir a los objetivos del Acuerdo de París de lucha contra el cambio climático.

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