En Ashi añane, se abordó una alternativa natural que gana espacio en la agricultura amazónica: el uso del trichoderma, un hongo beneficioso que contribuye al cuidado de los cultivos y del suelo frente a los cambios del clima.
En la Amazonía, donde las condiciones ambientales varían con frecuencia, los agricultores enfrentan plagas, enfermedades y baja productividad. Ante este escenario, el uso de insumos orgánicos se presenta como una opción efectiva para mejorar la producción sin dañar el entorno ni la salud.
¿QUÉ ES EL TRICHODERMA Y POR QUÉ BENEFICIA AL CULTIVO?
El trichoderma es un hongo presente en la naturaleza que actúa como aliado de las plantas. No representa riesgo para las personas ni para los cultivos. Su principal función es estimular el crecimiento y proteger frente a enfermedades.
“El trichoderma es un organismo benéfico que no afecta al ser humano, es inocuo y al cultivo tampoco. Es un aliado benéfico”, explicó el investigador del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP), José Cayotopa Torres.
Además de promover el desarrollo de las plantas, este hongo cumple un rol clave como biocontrolador. Esto significa que ayuda a reducir la presencia de agentes que causan enfermedades en los cultivos.
MENOS PESTICIDAS Y ALIMENTOS MÁS SALUDABLES
Uno de los principales beneficios del uso del trichoderma es la reducción del uso de pesticidas. Esto impacta de forma directa en la calidad de los alimentos y en el cuidado del ambiente.
“El uso de este controlador reduce el volumen de pesticidas en el cultivo”, señaló el especialista. También destacó que su aplicación permite avanzar hacia una producción orgánica y obtener alimentos más saludables para el consumo humano.
A esto se suma el factor económico. Estos insumos suelen ser más accesibles que los productos químicos tradicionales, lo que representa una ventaja para los agricultores.
¿CÓMO SE APLICA EN EL CAMPO?
El trichoderma se comercializa, en muchos casos, en sustrato de arroz. Para su uso, se realiza un lavado del sustrato para obtener una concentración de esporas. Luego, esta mezcla se aplica en el campo mediante aspersión, con equipos como mochilas de fumigación.
Una vez en el suelo, el hongo se asocia con las raíces de las plantas. En ese punto, estimula la producción de hormonas que favorecen el crecimiento y fortalecen el cultivo.
NO TODAS LAS ESPECIES FUNCIONAN IGUAL
Un aspecto clave es la correcta selección de la especie de trichoderma. No todas funcionan de la misma manera en cada cultivo o frente a cada enfermedad.
“La tarea está en seleccionar una especie para un determinado cultivo y para un determinado fin”, explicó José Cayotopa Torres.
Desde el IIAP, los investigadores evalúan distintas especies para identificar cuáles se adaptan mejor a cultivos como el cacao, café o sacha inchi. Entre ellas, destaca el trichoderma harzianum, una de las más estudiadas y utilizadas.
UNA SOLUCIÓN QUE SE MANTIENE EN EL SUELO
A diferencia de los fungicidas químicos, el trichoderma tiene la capacidad de permanecer en el suelo por más tiempo. Esto reduce la necesidad de aplicaciones constantes.
El especialista precisó que este hongo logra establecerse en el campo, lo que permite una protección más duradera y sostenible.








