Para la temporada 2026-2027, Proarándanos estima envíos por alrededor de 404,000 toneladas, un alza de 5.6% frente a las 382,934 toneladas del ciclo previo. Sin el efecto del fenómeno El Niño, la exportación nacional habría estado en condiciones de crecer cerca de 20%, impulsada por unas 3,500 nuevas hectáreas en producción. En ese escenario, la ubicación de los campos se convirtió en una variable de negocio. Pacific Produce, el brazo de marketing y distribución de Agrokasa dentro del Grupo HAME, apuesta por esa carta.
Los fundos de la empresa están en Ica, Pisco y Barranca, más al sur que la mayor parte de la oferta peruana y, por tanto, menos expuestos al Niño costero.
“Ica está en un verdadero desierto costero, con una amplitud térmica importante entre el día y la noche y noches de invierno más frescas, justo lo que necesita el brote y la floración del arándano”
La ejecutiva precisó que esa condición no los hace inmunes: un evento intenso eleva las temperaturas en toda la costa, pero significa que su punto de partida (en el sur) en esta temporada es “estructuralmente más fresco y seco” que las áreas que producen aproximadamente tres cuartas partes del volumen de Perú.
De cara a la próxima temporada, Tavera prevé que el sur de Perú se convierta en una región de producción de arándanos cada vez más importante a medida que aumente la variabilidad climática.
Por ahora, la empresa mantiene sus proyecciones agrícolas alineadas al presupuesto inicial. La compensación viene de la genética: las variedades nuevas, en particular APEX, están cubriendo la menor productividad de las hectáreas que aún conservan de genética clásica. La estrategia declarada no apunta solo a reducir horas de frío, sino a construir diversidad varietal que sostenga volumen a lo largo de la campaña “en lugar de un único pico”, reportó The Produce News.
El segundo frente de Agrokasa es hídrico. La empresa finalizó en 2021 un proyecto de recuperación de agua tratada en Ica por US$ 24 millones, que le permite abastecerse de más de una fuente y no depender de un solo acuífero. A esa medida, se suman riego por goteo presurizado al 100%, monitoreo de humedad de suelo y estrés de planta, y fertirriego por parcela.
“La seguridad hídrica en Ica no es nueva para nosotros, ha sido una tesis de inversión durante años. En una temporada de El Niño, la infraestructura no se trata solo de tener suficiente agua, sino de poder controlar el entorno de crecimiento”, afirmó Tavera.
La producción del grupo se acumula entre julio y marzo, cuando la oferta doméstica de Estados Unidos se agota y México aún no llega a su pico. Dicho calendario permite a los minoristas armar programas de varias semanas de suministro continuo.
La integración vertical —fundos, planta de empaque y distribución propia en Norteamérica— es el otro activo que la compañía pone sobre la mesa en un año volátil: si los calibres cambian, el equipo comercial en EE.UU. se entera “en horas, no semanas”, y puede reasignar volúmenes o modificar formatos antes de que el problema llegue al centro de distribución del cliente. La empresa también trabaja en acortar el tiempo entre cosecha y empaque, crítico para vida útil en campañas calurosas.
Si bien estas iniciativas no pueden eliminar por completo el riesgo climático, Tavera afirmó que sí pueden hacer que el programa de arándanos de la compañía sea más predecible. “Reduce el margen de resultados, y para un minorista, eso es lo que realmente significa confiabilidad”








