Chile cuenta con una de las costas más extensas del mundo y una larga tradición ligada al uso de algas marinas. Sin embargo, el desarrollo del sector presenta un marcado desequilibrio: cerca del 97% de la producción nacional proviene de la extracción de praderas naturales, mientras que el cultivo representa una fracción menor.
Este escenario ha generado presión sobre los ecosistemas marinos, debilitamiento de las praderas naturales y una alta dependencia de un modelo productivo poco resiliente frente al cambio climático y la variabilidad ambiental.
La Hoja de Ruta para una Industria Sostenible de Cultivo de Algas en Chile, elaborada por The Nature Conservancy (TNC) y la ONG Mayma, propone un camino concreto para transformar el actual modelo extractivo en uno basado en el cultivo responsable de algas.
El cultivo de algas como alternativa sostenible
Frente a este contexto, la agricultura de algas emerge como una opción estratégica para avanzar hacia una acuicultura sostenible y regenerativa. El cultivo controlado permite reducir la presión extractiva, mejorar la calidad del agua, capturar carbono y contribuir a la restauración de hábitats marinos.
Además, ofrece oportunidades para diversificar ingresos, generar empleo local y fortalecer las economías de las comunidades costeras, especialmente en zonas donde la pesca artesanal enfrenta crecientes restricciones.
Rol social y territorial del sector algal
El desarrollo del cultivo de algas tiene también una dimensión social relevante. Miles de personas participan actualmente en la recolección y manejo de algas, con una fuerte presencia de mujeres y organizaciones de la pesca artesanal.
El fortalecimiento de capacidades técnicas, el acceso a infraestructura y la asociatividad aparecen como factores clave para que estas comunidades puedan transitar desde la recolección hacia sistemas productivos más estables y con mayor valor agregado.
Desafíos para escalar una industria emergente
Pese a su potencial, el cultivo de algas enfrenta importantes desafíos. Entre ellos destacan los altos costos iniciales, la falta de tecnología adaptada a las condiciones locales, brechas de financiamiento, escaso desarrollo de mercados y una regulación compleja que dificulta la implementación de nuevos proyectos.
A esto se suma la necesidad de avanzar en investigación aplicada que permita mejorar rendimientos, estandarizar procesos y asegurar la calidad del producto final.
Una hoja de ruta para el desarrollo sostenible
La hoja de ruta para la acuicultura de algas plantea un trabajo articulado entre el sector público, privado, académico y las comunidades locales. El enfoque está puesto en fortalecer la gobernanza, promover la innovación, impulsar la transferencia tecnológica y generar encadenamientos productivos que permitan consolidar una industria de largo plazo.
El desafío es avanzar hacia un modelo que combine sustentabilidad ambiental, viabilidad económica y desarrollo territorial, posicionando a Chile como un referente en el cultivo responsable de algas a nivel internacional.
En un contexto de crisis climática y presión sobre los recursos naturales, la agricultura de algas se perfila como una herramienta concreta para diversificar la matriz productiva marina, contribuir a la mitigación del cambio climático y fortalecer la resiliencia de las zonas costeras.
La ruta está trazada. El desafío ahora es transformar ese potencial en una industria sostenible, inclusiva y con impacto real en los territorios.








