La amenaza climática vuelve a encender las alertas en sectores clave de la economía peruana. La posible evolución del Niño Costero y el eventual desarrollo de un Niño Global durante la segunda mitad del año configuran un escenario de riesgo para actividades estratégicas como la pesca, la agroexportación y la logística fluvial, debido a sus potenciales impactos productivos, operativos y logísticos. Así lo advirtió Gallagher Perú en su más reciente revisión sobre perspectivas climáticas y gestión de riesgos.
Según la consultora, existe una gran probabilidad de que se mantengan condiciones cálidas en los próximos meses, aunque todavía predomina una alta incertidumbre respecto a la intensidad, duración e impactos tanto del Niño Costero como de un eventual Niño Global. En ese contexto, mayo se perfila como un punto de inflexión clave para contar con mayor claridad sobre la evolución del fenómeno. “Mientras tanto, la prioridad para las empresas debe ser anticipar escenarios, revisar su nivel de exposición y fortalecer sus planes de prevención y continuidad”, señaló Frank Chávez, gerente de Ingeniería y Prevención de Riesgos Patrimoniales de Gallagher Perú.
La información técnica analizada apunta de manera consistente a un otoño con temperaturas marinas y costeras por encima de lo normal, con la posibilidad de que estas condiciones se extiendan hacia el invierno. No obstante, Gallagher precisa que, por el momento, la evolución prevista sería de menor magnitud en comparación con el evento registrado en 2023, aunque ello no elimina los riesgos asociados.
Pesca, agroexportación y logística fluvial bajo presión
En el sector pesquero, el calentamiento del mar podría alterar significativamente la disponibilidad de anchoveta, ya que el recurso tiende a profundizarse y a desplazarse hacia el litoral. La mayoría de los modelos proyecta un calentamiento relevante del mar al menos hasta la zona de Pisco durante mayo, lo que podría cerrar la ventana de pesca de anchoveta en la costa centro‑norte a mediados de abril.
Como antecedente, un análisis del Instituto Peruano de Economía (IPE) revela que, en años recientes con presencia del Fenómeno de El Niño Costero, la mediana de captura de anchoveta en la zona norte‑centro se redujo en 48% durante la primera temporada y en 67% en la segunda, reflejando el alto impacto del fenómeno en la actividad extractiva.
En la agroexportación, los riesgos varían de acuerdo con el cultivo y su calendario productivo. En el espárrago, el calor en la costa puede afectar directamente la calidad del producto. En el arándano, un invierno más cálido podría generar impactos más marcados entre julio y setiembre, mientras que en la uva de mesa, la mayor sensibilidad se concentra entre octubre y enero.
Esta vulnerabilidad se refleja en el desempeño histórico del sector. De acuerdo con el IPE, durante los últimos 15 años la producción de cultivos orientados a la exportación creció en promedio 10% en años sin Fenómeno El Niño Costero, pero solo 4% en los años en los que sí se presentó, evidenciando una desaceleración significativa asociada al riesgo climático.
A ello se suma el impacto potencial en la logística fluvial. Existe el riesgo de sequías en la sierra y la selva, lo que podría afectar la navegación en los ríos amazónicos durante la segunda mitad de 2026. De consolidarse un componente global del fenómeno, podrían registrarse niveles bajos de agua en primavera, comprometiendo el transporte fluvial y la continuidad de las cadenas logísticas. “En este contexto, el riesgo climático no debe evaluarse únicamente por la posibilidad de lluvias, sino también por sus efectos sobre la temperatura, la calidad productiva, las ventanas operativas y la continuidad logística”, subrayó Frank Chávez.
Coincidencia de fenómenos: un escenario de mayor severidad
El Niño Costero, asociado al calentamiento anómalo del mar frente a la costa peruana, es monitoreado por la Comisión Multisectorial Encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN). Para 2026, los reportes indican la posible ocurrencia de un evento débil, con un periodo potencialmente más intenso entre mayo y julio.
Por su parte, el Niño Global, vinculado al calentamiento del Pacífico ecuatorial y seguido por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), podría comenzar a desarrollarse desde junio, favoreciendo escenarios más secos durante la segunda mitad del año. De coincidir ambos fenómenos, los impactos tienden a ser más diversos, prolongados y severos, incrementando de manera significativa los niveles de riesgo para los sectores productivos.
Al cierre de marzo, el país mantiene condiciones cálidas débiles vigentes desde inicios de febrero. Si bien el enfriamiento registrado durante marzo, asociado a vientos del sur, contribuyó a reducir parcialmente el calor y las lluvias, ello no implica la eliminación del riesgo climático. Ya no se esperan lluvias extremas generalizadas con daños estructurales severos; sin embargo, podrían presentarse episodios intensos de corta duración, principalmente en la costa y la sierra norte, especialmente entre abril y mayo.








