En la industria de alimentos el agua es un insumo fundamental en los procesos de limpieza, desinfección y operación de las líneas de producción. De acuerdo con la consultora Gitnux, el 70 % del consumo de este recurso en una planta se destina a la higiene y el saneamiento de equipos, tuberías y sistemas de procesamiento, lo que convierte a esta etapa en el principal foco de costos operativos y, al mismo tiempo, en una oportunidad de mejora en eficiencia industrial.
Para Edwin Rozo, director de Servicios de Tetra Pak Andina, el desafío para las empresas no es usar menos agua de forma indiscriminada en sus operaciones, sino intervenir con precisión donde realmente se concentra el consumo. “Cuando los productores identifican las etapas más intensivas en uso de agua, pueden tomar decisiones tecnológicas que impactan directamente en su estructura de costos y en su competitividad”, sostiene.
En esa línea, Rozo identifica tres decisiones estratégicas que permiten reducir el consumo hídrico sin afectar la productividad ni los estándares de inocuidad, y que además generan eficiencias medibles:
1. Recuperar agua dentro de la propia operación. La primera decisión es dejar de perder agua que puede reutilizarse. Mediante estaciones de filtrado industrial, las plantas pueden recuperar hasta 5.500 litros por cada hora de operación, eliminando impurezas y reincorporando el recurso al proceso productivo.
En operaciones continuas, esta capacidad de recuperación puede representar miles de litros diarios que ya no se extraen del suministro principal. El impacto es doble: menor presión sobre el recurso y reducción directa en costos operativos. En mercados donde el agua tiene tarifas crecientes o disponibilidad limitada, esta medida se convierte en una ventaja estratégica.
2. Modernizar equipos para reducir consumo y merma. Si la mayor parte del uso hídrico se concentra en limpieza y desinfección, el rediseño tecnológico es determinante. Incorporar soluciones como las desarrolladas por Tetra Pak, que integran sistemas de luz UV y filtración en reemplazo de métodos convencionales, permite reducir hasta 50 % el consumo de agua en determinadas líneas de procesamiento.
A esto se suma una reducción de hasta 30 % en la pérdida de producto. Menos merma implica menos reprocesos y menos ciclos adicionales de limpieza, lo que reduce de forma indirecta el uso del recurso hídrico. “Cada litro de producto que no se pierde es también agua que no se utiliza en limpieza adicional. La eficiencia hídrica y la eficiencia productiva están completamente conectadas”, subraya Edwin Rozo.
3. Medir para optimizar. El tercer eje es menos visible, pero igual de decisivo: la gestión basada en datos. A través del monitoreo de indicadores operativos, las empresas pueden detectar fugas, identificar sobreconsumos y evaluar el desempeño real de sus equipos.
Esta visibilidad permite hacer ajustes sin necesidad de grandes inversiones en infraestructura. En muchos casos, el ahorro comienza simplemente midiendo con mayor precisión y tomando decisiones basadas en evidencia. En un entorno en el que los costos operativos y las exigencias regulatorias son cada vez mayores, la gestión eficiente del agua se consolida como un indicador estratégico de desempeño industrial. “En el marco del Día Mundial del Agua, el mensaje para el sector es claro: optimizar el consumo de este recurso hídrico no es una opción reputacional, es una decisión que impacta de forma directa en la rentabilidad y en la capacidad de crecimiento de las empresas”








