Uno de los ámbitos en los que los antiguos peruanos demostraron su avanzado conocimiento y tecnología en armonía con el medio ambiente fue la ingeniería hidráulica, que les permitió gestionar de manera sostenible el agua, un recurso vital y estratégico para su desarrollo económico en complejos escenarios geográficos.
En el actual contexto del cambio climático, los impactos del fenómeno de El Niño y el crecimiento poblacional, donde los recursos hídricos son cada vez más limitados, es importante recordar cómo las culturas prehispánicas y los incas desarrollaron la ingeniería hidráulica para captar, transportar y utilizar sosteniblemente el agua. Conocer los sistemas creados hace miles de años y que siguen funcionando hasta la actualidad, causando admiración mundial, gracias a las comunidades campesinas e indígenas herederas de ese invalorable legado que les permite seguir aportando a la producción agropecuaria local, regional y nacional.
En la cosmovisión andina, el agua o yaku era una deidad tutelar y objeto de veneración en diversas festividades, por lo que debía preservarse evitando su contaminación y gestionando este recurso vital en conjunción con la Pachamama o madre tierra y el sol o Inti, también considerados sagrados, para obtener los frutos que permitían alimentarse y desarrollarse económicamente.
En vista de la compleja geografía de los Andes, con diversos pisos altitudinales, climas y ecosistemas, y de la árida Costa donde el agua es escasa, las antiguas culturas peruanas desarrollaron un conocimiento del ciclo de los recursos hídricos, las cuencas hidrográficas, las épocas de lluvia, el curso de los ríos, la cantidad de lagos y lagunas, las características del terreno, entre otros aspectos claves para definir los lugares de asentamiento poblacional, producción agrícola y de almacenamiento del agua para garantizar su disponibilidad.
A su vez, desarrollaron tecnología hidráulica que les permitió construir sistemas de captación, transporte y almacenamiento de agua, tanto en los Andes como la Costa, muchos de los cuales subsisten hasta la actualidad.
Sistemas hidráulicos prehispánicos peruanos
A continuación, veamos algunos ejemplos de sistemas hidráulicos desarrollados por las culturas prehispánicas peruanas.
Andenes
Los andenes son plataformas construidas en las laderas de las montañas, en una clara demostración de la sabiduría ancestral en el manejo del territorio, que volvieron productivas zonas que no lo eran.
Según Luis Masson Meiss, estudioso de los sistemas de andenería, en el Perú existe aproximadamente un millón de hectáreas en andenes. De ellos solo se explotan efectivamente un 25 %. La recuperación de los sistemas de andenes no solo es un acto de justicia con nuestro pasado, sino también una inversión en el futuro. Al revalorizar este legado ancestral, abrimos las puertas a un desarrollo sostenible, inclusivo y respetuoso con el medio ambiente.
Amunas
De mayor presencia en los Andes, constituyen una técnica ancestral de recarga de acuífero o siembra de agua que consiste en un ritual que implica asambleas dirigidas por jueces de agua que explican y lideran las actividades a desarrollar para preservar el recurso vital.
Entre las actividades de conservación y recarga del acuífero destacan la limpieza de acequias y, como parte de la cosmovisión andina, la veneración del agua. Antes del inicio de la limpieza de las acequias se realizaba el pago a la tierra o Pachamama y al agua o yaku. Un ejemplo vigente de este ritual es la que realizan los pobladores de la localidad de Tupicocha en la provincia limeña de Huarochirí.
El sistema de Amunas funciona con zanjas abiertas adecuadas al desnivel del terreno desde las zonas más altas de los Andes, lo que permite conducir el agua de lluvia hasta las cochas o zonas de almacenamiento abiertas para recibir el agua y que luego se filtra a través de las montañas para brotar en las zonas bajas como puquios en temporada de escasez de lluvias y estiaje de ríos para abastecer los campos de cultivo y seguir produciendo alimentos.
Puquios
Conocidos como ojos de agua o ñahui yaku, los puquios o puquiales son sistemas propios de los Andes peruanos que abastecen del agua que brota de las montañas y que deriva de la siembra del agua en las partes altas de las cuencas.
Los puquios son también objetos de veneración en las comunidades andinas que reconocen a estos lugares como sagrados por proveer del recurso vital que contribuye a la subsistencia de las poblaciones y favorecen la producción agropecuaria.
Qochas
Son micro represas rusticas, pequeños reservorios o lagunas artificiales que se construyen en depresiones naturales del terreno, usando materiales de la zona como piedras y terrones de tierra, y permiten almacenar e infiltrar agua de lluvia.
Esta práctica tradicional fue potenciada con la mejora y elevación de diques en los vasos colectores para ampliar la capacidad de almacenamiento; y con un adecuado manejo de las áreas tributarias con zanjas de infiltración, regeneración de pasturas naturales y forestación con especies nativas; así como la construcción de zanjas de recarga y aliviaderos en sus partes bajas.
Acueductos
Los sistemas hidráulicos prehispánicos consideraron no solo la siembra y cosecha del agua en las zonas altas, intermedias y bajas de los Andes, sino también el traslado del recurso vital mediante redes de acueductos que la llevaban desde una cuenca a otra o trasvase a través de la cordillera hasta los valles de la sierra y de la desértica costa para generar productividad agropecuaria. Un ejemplo de ello son los Acueductos de Cantalloc en la provincia de Nasca del departamento de Ica, construidos por la cultura Nasca, que floreció entre los siglos I y VII d.C. y que desarrolló un sistema de canales subterráneos que transportaban agua desde fuentes de agua en la sierra hasta la costa para irrigar sus campos de cultivo.
Otro ejemplo vigente es el sistema de riego Huirucátac, en la parte alta de la cuenca del río Nepeña, en la provincia ancashina de Huaylas, donde mediante un sistema de lagunas interconectadas: Cóñoc Ranra, Capado Cocha, Tocanca, entre otras, unidas por el canal Huirucátac de más de 100 kilómetros, se llevan las aguas desde la cuenca del río Nepeña hacia la cuenca del río Santa-Lacramarca.
Waru Waru
Con una antigüedad que se remonta al año 1,000 a. C., los Waru Waru constituyen un antiguo sistema de producción agrícola presente en el altiplano del departamento de Puno y una impresionante muestra de ingeniería tradicional y adaptación humana a las llanuras aluviales del mítico lago Titicaca, el lago navegable más alto del mundo.
Se caracterizan por ser campos elevados de cultivos andinos como papas, quinua y cañihua, entre otros, rodeados de canales de riego que forman patrones espectaculares.
Además de su atractivo visual, gracias a su notable diseño geométrico, los Waru Waru permiten a los agricultores aimaras cultivar una amplia variedad de cultivos. Las tradiciones agrícolas y las técnicas de gestión del agua plasmadas en estos campos reflejan el profundo conocimiento que el pueblo indígena aimara tiene de los ecosistemas locales y su ingenio para adaptarse a las duras condiciones geográficas.
Gestión de riesgos de desastres
Finalmente, hay que remarcar que la gestión de riesgos de desastres que poseían los antiguos peruanos al ubicar sus principales asentamientos poblacionales y zonas de producción agropecuaria en zonas alejadas de los cauces de ríos y quebradas para evitar daños por desbordes e inundaciones, huaicos y deslizamientos, entre otros desastres.








