● Proyección se presentó durante el roundtable “El Niño Costero: Perspectivas sobre impacto climático y consecuencias económicas para la agroindustria”, organizado por Michael Page.
● Un escenario de El Niño de magnitud fuerte podría restar 0,7 puntos porcentuales al crecimiento del PBI en 2026 y 0,9 puntos en 2027, según el BCR.
El empleo formal en el sector agropecuario creció 10% durante el primer semestre del 2026 versus el mismo período del año anterior, de acuerdo con el Banco Central de Reserva del Perú (BCR), manteniéndose entre las actividades con mayores tasas de crecimiento del empleo formal. Este desempeño cobra especial relevancia ante la evolución del Fenómeno de El Niño (FEN), considerando el peso del sector agropecuario en la actividad económica y su importancia para las cadenas productivas y la generación de empleo en distintas regiones del país.
“Tenemos condiciones macroeconómicas sólidas que nos permiten afrontar mejor, como país, las consecuencias que pueda tener este fenómeno”, señaló Teresa Lamas, gerente de Información y Análisis Económico del Banco Central de Reserva del Perú (BCR).
Este análisis se discutió durante el roundtable “El Niño Costero: Perspectivas sobre impacto climático y consecuencias económicas para la agroindustria”, organizado por Michael Page, que reunió a Teresa Lamas, gerente de Información y Análisis Económico del Banco Central de Reserva del Perú (BCR), y Kobi Mosquera, investigador científico superior del Instituto Geofísico del Perú, quienes abordaron la evolución del FEN y sus posibles consecuencias sobre la actividad económica y productiva del país.
“En un contexto de cambios en el entorno económico y climático, las empresas deben fortalecer su capacidad de anticipación y adaptación. Para sectores como la agroindustria, esto implica prepararse para responder a posibles impactos sobre sus operaciones e identificar y desarrollar el talento necesario para afrontar los nuevos desafíos que plantea este escenario”, apuntó Marcella Gonzales, líder de la división de Agroindustria de Michael Page.
El sector agropecuario mantiene una relevancia creciente para la economía peruana, tanto por su aporte a la generación de empleo como por el peso que tienen sus exportaciones. En 2025, las exportaciones agrícolas representaron el 15,5% del total de las exportaciones del país, de acuerdo con información del BCR y el INEI.
En este contexto, el Fenómeno de El Niño podría afectar de manera diferenciada a distintos cultivos y regiones. Entre los productos identificados durante el análisis se encuentran arroz, café, algodón, aceituna, limón, plátano, uva, palta, mango y arándanos, con impactos que podrían variar según su ubicación y sensibilidad a las condiciones climáticas.
Además del efecto sobre la producción, las alteraciones climáticas podrían trasladarse hacia los precios de determinados alimentos. En ese sentido, Teresa Lamas estimó que algunos de estos impactos podrían generar choques temporales de precios, dependiendo de la evolución del fenómeno y de las condiciones de oferta de cada producto.
El crecimiento cercano al 10% del empleo formal agropecuario se enmarca en un comportamiento positivo del mercado laboral. Durante el encuentro también se destacó que el empleo formal viene mostrando crecimiento en distintos sectores de la economía, con tasas relevantes en actividades como la agropecuaria y la minería.
A ello se suma la recuperación del crédito al sector privado, el dinamismo de la inversión privada y una mejora en las expectativas empresariales, factores que contribuirían a sostener la actividad económica y el empleo.
En paralelo, el Fenómeno de El Niño representa un riesgo para el desempeño de la economía peruana. De acuerdo con las proyecciones analizadas durante el roundtable organizado por Michael Page, el PBI crecería 3,4% en 2026 y 3,2% en 2027.
Desde su perspectiva, Kobi Mosquera, investigador científico superior del Instituto Geofísico del Perú, explicó que las condiciones actuales presentan características asociadas a un Fenómeno de El Niño de magnitud fuerte, con elevados niveles y temperaturas del mar desde el verano con una tendencia a continuar así.
“Los pronósticos de los modelos climáticos no son exactos, pero son las únicas herramientas que se tienen para planificar”, destacó Mosquera, quien explicó que la información disponible permite anticipar distintos escenarios y tomar medidas frente a sus posibles impactos.
Según detalló, el periodo de mayor atención se concentraría entre diciembre y marzo, correspondiente a la temporada de lluvias, aunque algunos modelos contemplan la posibilidad de que estas condiciones comiencen desde noviembre.
Asimismo, señaló que los impactos podrían presentarse de manera diferenciada entre regiones. En la costa peruana existirían condiciones favorables para la ocurrencia de precipitaciones por encima de lo normal, mientras que, en los Andes del sur y centro, así como en la selva, podrían reducirse las precipitaciones.








