2 de agosto de 2026

Un terreno árido de Costa Rica fue cubierto con 12.000 toneladas de cáscaras de naranja:16 años después sorprendió a científicos

Un terreno árido de Costa Rica fue cubierto con 12.000 toneladas de cáscaras de naranja16 años después sorprendió a científicos

A finales de la década de 1990, una pionera alianza entre los ecólogos Daniel Janzen y Winnie Hallwachs con la firma juguera Del Oro impulsó la descarga de unas 12.000 toneladas de cáscaras y pulpa de naranja en un pastizal degradado del Área de Conservación Guanacaste (ACG), Costa Rica. Según reportaron la Universidad de Princeton y la revista Restoration Ecology, el proyecto de restauración ecológica buscaba reutilizar residuos agrícolas para regenerar un ecosistema deteriorado.

Sin embargo, la iniciativa duró poco tiempo debido a una demanda planteada por la rival TicoFruit, la cual derivó en un fallo de la Corte Suprema costarricense que declaró improcedente verter desechos en el parque nacional. Tras el veto judicial, el terreno cayó en el olvido durante más de una década, hasta que el investigador Timothy Treuer decidió regresar para evaluar los resultados del experimento.

El estudiante de doctorado de la Universidad de Princeton, Timothy Treuer, junto a Jonathan Choi, inspeccionaron en 2013 un antiguo experimento botánico. La sorpresa fue total al hallar un ecosistema próspero en lugar del descampado original. «Estaba todo tan cubierto de árboles y enredaderas que ni siquiera podía ver el letrero de 2 metros de largo con letras amarillas brillantes que señalaba el lugar», relató el propio investigador en un comunicado oficial.

Posteriormente, los científicos ejecutaron un estudio comparativo mediante transectos de 100 metros en la zona intervenida frente a una parcela vecina desprovista de residuos orgánicos. El equipo evaluó el diámetro del arbolado, clasificó la diversidad vegetal y tomó muestras de tierra. Las conclusiones se publicaron en 2017 dentro de la revista especializada Restoration Ecology.

Las mediciones confirmaron un incremento del 176% en la biomasa aérea del sector recuperado, sumado a un suelo con mayor fertilidad y la expansión del dosel forestal. Dichos indicadores demostraron la efectividad de los desechos cítricos como un acelerador natural para la restauración ambiental de bosques degradados.

La iniciativa inicial pretendía solucionar simultáneamente dos desafíos: gestionar desechos agroindustriales y agilizar la regeneración de suelos degradados. Bajo ese esquema, Daniel Janzen y Winnie Hallwachs propusieron que la empresa Del Oro cediera terrenos al Área de Conservación Guanacaste a cambio de verter cáscaras junto con pulpa de naranja en un sector deteriorado para su degradación natural. Los científicos planteaban que esa acumulación de materia vegetal enriquecería la tierra sin emplear fertilizantes sintéticos.

El triunfo de la prueba radicó en la acción conjunta de diversos fenómenos ecológicos. Por un lado, el denso manto de cáscaras erradicó las hierbas invasoras que bloqueaban el crecimiento de especies arbóreas nativas; por otro, el proceso de pudrición aportó nutrientes, incrementó el componente orgánico y optimizó la hidratación del terreno. «Este es uno de los pocos casos que conozco en los que se puede lograr la captura de carbono con un coste negativo», aseveró Timothy Treuer sobre el uso de este subproducto agrícola descartado.

A pesar de los hallazgos positivos, el equipo investigador aclara que los resultados no pueden extrapolarse arbitrariamente. El análisis se restringió a una parcela de unas tres hectáreas, sin comprobar que el vertido masivo de materia orgánica funcione igual en cualquier bioma. La experiencia respondió a factores climáticos, biológicos y de gestión sumamente particulares. Al respecto, David Wilcove, académico de la Universidad de Princeton, subrayó que el logro evidencia el valor de las alianzas entre corporaciones y ambientalistas para recuperar bosques tropicales, aunque exige una rigurosa evaluación previa antes de implementarse en otros contextos.

El exitoso experimento con naranjas inspiró a los investigadores Rebecca Cole y Rakan Zahawi a replicar este método en Costa Rica durante el año 2018. Los científicos descargaron 30 camiones con desecho de fruta cafetalera sobre un pastizal degradado por la ganadería para analizar su impacto en la tierra. Los hallazgos, divulgados en 2021 por la revista Ecological Solutions and Evidence, confirmaron que este residuo orgánico aceleró de forma drástica la regeneración del suelo.

La zona tratada experimentó una transformación impactante al desarrollar un «bosque en tiempo récord» en apenas dos años, superando al terreno adyacente sin tratar. Los árboles nativos alcanzaron una altura cuatro veces superior y la capa de medio metro de biomasa ahogó a las malezas invasoras. Esta cobertura permitió que las semillas dispersadas por aves y corrientes de aire germinaran sin competencia vegetal.

Tales logros incentivaron a la comunidad científica internacional a estudiar la reforestación a gran escala mediante diversos restos frutales de la industria alimentaria. Actualmente, se evalúa el potencial del cisco, la cáscara de cacao, los subproductos de la palma aceitera y del marañón en suelos desgastados. Estas alternativas prometen mejorar la retención de humedad y restaurar la fertilidad en distintas regiones tropicales.

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