marzo 3, 2024

Duplicar producción agrícola no acabaría con el hambre, según estudio

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Más de 820 millones de personas en el mundo todavía carecen de alimentos. Para erradicar el hambre en el planeta, una de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) número 2 es duplicar la productividad agrícola de los países que producen alimentos en pequeña escala para el 2030.

Sin embargo, un reciente artículo publicado en la revista científica Actas de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos de América (Pnas, por sus siglas en inglés) evidenció que esta solución no acabaría con el hambre y, por el contrario, tendría un efecto contraproducente.

Según el artículo, este sistema agroalimentario del mundo genera hoy inequidades sociales y ambientales en la distribución de los costos y beneficios de la producción, comercialización y consumo de alimentos.

De ahí que, entre los hallazgos más relevantes del artículo, denominado ‘Un análisis socioecológico del sistema agroalimentario global’, indica que el incremento del comercio mundial de alimentos puede contribuir a aumentar la huella ecológica al seguir dependiendo del uso de pesticidas para incrementar la producción. Y también puede elevar la desigualdad social al facilitar la exportación de alimentos en donde más se necesitan, como ocurre en África.

Para llegar a esta conclusión, se analizó, a través de 43 indicadores de soberanía alimentaria y 28 indicadores sociodemográficos, de bienestar social y de sostenibilidad ambiental, la situación agroalimentaria en 150 países.

Entre esos países identificó cinco grupos caracterizados según el bienestar social y la sostenibilidad ambiental.

Por ejemplo, el grupo de 45 países de África. La investigación estableció que aunque la agricultura es central para la economía y la población en este lado del mundo, y tiene los impactos ambientales y climáticos más bajos, aun así sufren el déficit alimentario más grave.

La desigualdad en la propiedad de la tierra es una de las principales razones de esta paradoja. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en África oriental, el 30,8 por ciento de la población (133 millones de personas) pasa dificultades para lograr alimentos suficientes para comer.

En el segundo grupo están ocho países de Oceanía y las Américas que no tienen problemas de seguridad alimentaria y cuentan con un modelo de producción intensiva de alimentos. Sin embargo, por su modelo dependen de grandes aportes de pesticidas, por lo que tienen la más alta huella ecológica y de emisiones de gases de efecto invernadero.

Es decir que si la meta del ODS 2 es incrementar la producción para 2020 y no se buscan estrategias alternas al uso de agroquímicos, se estaría impulsando a que la temperatura global se incremente por encima del 1,5 °C entre 2030 y 2052.

De ahí que para una de las autoras, Elisa Oteros Rozas, de la Universidad de Vic, aumentar el comercio mundial de alimentos para erradicar el hambre no contribuiría a alimentar más y mejor al mundo.

“El incremento de la producción agrícola tal y cómo se entiende mayoritariamente es a través de la industrialización de los sistemas agroalimentarios, altamente consumidores de recursos, contaminantes, y en los que el poder se concentra en manos de pocas corporaciones de la agroindustria”, explicó Oteros. 

Para evitar que esto ocurra, esta meta puntual de los ODS requiere instrumentos regulatorios, pues de no tenerlos, según otra de las autoras, Marta G. Rivera Ferre, “el comercio mundial de productos agroalimentarios puede continuar contribuyendo no solo a las grandes emisiones de CO2 del sistema agroalimentario, sino a incrementar la desigualdad en el mundo”.

Por eso, para los autores de este estudio, el hambre no es solo una cuestión de disponibilidad y acceso a los alimentos, sino también de redistribución del consumo. “La seguridad alimentaria depende de la redistribución, los derechos y el acceso a los medios de producción”, explicó Oteros.

Finalmente plantean que deben crearse otras políticas agroalimentarias como la reducción de desperdicios de alimentos y la disminución de alimentos de origen animal. Ya que de nada sirve que se incremente la producción de alimentos si los países ricos importan alimentos baratos que se consumen en exceso y, en gran medida, se desperdician

Fuente: eltiempo.com

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