marzo 3, 2024

El caso del shihuahuaco en el Perú

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Como resultado de una amplia discusión en el Perú y en otros países, el shihuahuaco o cumarú ha sido incluido en el Anexo II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES). Para los que extraen esa especie eso ha sido un error porque afirman que actualmente no está amenazada, pero para los científicos existe peligro real de que si la especie continúa siendo extraída como hasta ahora entre en un proceso de extinción con graves consecuencias para el ecosistema forestal.

El shihuahuaco es un árbol de madera muy dura y densa que se usa para pisos y muebles finos e incorruptibles, aunque también se le ha usado hasta para fabricar carbón. Su extracción comenzó con fuerza a partir de mediados de los años 1990, con la expansión de carreteras en la Selva, en especial la construcción de la Interoceánica Sur que dio acceso a los bosques de Madre de Dios, de donde sale la mayor parte.

Según los resúmenes estadísticos disponibles en 1997 se extrajo 15.200 m3 rollizos alcanzando un pico de 247.400 m3 en 2019. De 1997 a 2020 se registró oficialmente una producción total de 2.4 millones de metros cúbicos de madera en rollo, pero casi el doble según estimados más acuciosos. En 2015 el shihuahuaco representó el 80 % de todas las exportaciones de madera del Perú.

El shihuahuaco es un árbol emergente gigante que demora casi dos siglos para llegar a la madurez. Se ha estimado que su población natural promedio tiene una edad de casi 700 años y que el 68 % de los árboles tendrían unos 500 años de edad y que un 16 % podría tener más de mil años.

¿Extinción?

El shihuahuaco no está amenazado de extinción biológica a nivel nacional.  Aunque discutibles en cuanto a la extensión y a la densidad hay evidencias de que aún es abundante en colinas bajas y bosques aluviales inundables de la selva baja. Además, existe en diversas áreas naturales protegidas. Pero si puede estar amenazado de extinción económica, siguiendo el camino de varias otras especies valiosas como palo rosa, ulcumano o romerillo, hualtaco, guayacán y caoba, entre otras. Como se verá, lo que más preocupa, además de la extinción económica y eventualmente biológica a nivel local y regional, es la llamada extinción ecológica.

Rol en el ecosistema

Desde el punto de vista convencional, el shihuahuaco es apenas un árbol muy grande y viejo cuya madera es valiosa. Sin embargo, debe llevarse en cuenta la enorme influencia que esos gigantes centenarios tienen sobre todo lo que los rodea. Ellos determinan las características del biotopo (luz, humedad, temperatura, viento, etc.) y de la biocenosis (plantas y animales) que vive sobre ellos, bajo ellos o cerca de ellos, siendo los animales y plantas más pequeños (por ejemplo, bacterias, artrópodos y hongos) los más influenciados. Esa influencia penetra acompañando las raíces dentro del suelo y se mantiene en forma de cilindro hasta la copa del árbol. Y la copa, desde sus primeras ramas hasta el topo, conforma un micro ecosistema complejo y único.

El shihuahuaco tiene copas que pueden alcanzar diámetros enormes, de 40 hasta 60 metros y muy voluminosas pues las ramas comienzan en el segundo tercio del fuste. Dicho de otro modo, las copas forman un mundo aparte, un ambiente especial, lleno de vida. Y este micro ecosistema es muy poco conocido. Por eso, al derrumbar un shihuahuaco adulto se destruye un microcosmo, con centenas de miles o, en el caso de los seres más pequeños, con millones de individuos pertenecientes a miles de especies a él asociados.

En resumen, extraer un shihuahuaco maduro no es una saca banal. Por su tamaño y edad esa especie es un componente fundamental y único del ecosistema en que se encuentra. Sin embargo, el problema no es la extracción de uno o dos shihuahuacos de cada dos o tres hectáreas, sino la extracción selectiva, en pocos años, de todos los shihuahuacos adultos sobre miles de hectáreas continuas. Este proceso avanza sobre nuevas áreas y solo deja atrás árboles jóvenes que durante largo tiempo no van a cumplir la misma función que los viejos. En ese lapso los árboles menores aún no ocupan el espacio en las copas de los que fueron cortados. Más aún porque con ciclos de corta de apenas 20 años como los que se autoriza, gran parte de los que en el intervalo crecieron hasta alcanzar el tamaño de corte también se eliminan. Es decir que la función ecológica del árbol viejo talado no es sustituida.

Eso, incuestionablemente tiene un enorme impacto ecológico en el bosque, afectando nexos tróficos y otros procesos en escala local y regional, es decir limitando sus servicios ecosistémicos. Y, de hecho, eso está ocurriendo en todo lugar donde la extracción forestal es ilegal o en las concesiones donde no se respetan planes de manejo o donde se aplican las inadecuadas normas oficiales. La extinción ecológica es un elemento fundamental de la degradación del bosque y esta no se refiere únicamente a las especies sino a la edad de sus ejemplares. Dicho de otro modo, se precisa, cada cierto número de hectáreas, de esos viejos árboles maduros dominantes.

¿Manejo forestal?

Los ambientalistas argumentan que esa especie, por las razones expuestas, no puede ser aprovechada, ni siquiera con manejo forestal y que, en cambio, debe ser protegida inclusive en los bosques de producción permanente, pero las evidencias no respaldan eso completamente. En efecto, una de las pocas empresas serias de Madre de Dios que practican manejo forestal basado en la ciencia y en la técnica, habría demostrado que donde se le aplica, el shihuahuaco no solo se renueva, sino que crece bien y mejor que en bosques naturales. La razón es, simplemente, que al derrumbar árboles se aumenta la luminosidad que, como es bien sabido, es el principal factor limitante para el crecimiento de los arbolitos. Ese manejo forestal cuidadoso incluye cortar árboles de un diámetro mínimo significativamente mayor que el autorizado, proteger más y mejores árboles élite, que sirven como madres o semilleros, alargar el ciclo de corte, etc. Y quizá, además, de un diámetro mínimo de corta debería tener otro máximo, para resguardar los ejemplares más viejos. También, se puede reforestar con esa especie. Pero eso es otro tema.

El problema es que, con relación al CITES, no se justifica usar el argumento de que esas pocas empresas hacen un manejo forestal de calidad pues, estas son la excepción. La abrumadora mayor parte de la producción de madera de shihuahuaco proviene de concesiones forestales que mal obedecen las normas oficiales que no garantizan la sustentabilidad o, simplemente, es de origen ilegal. Lo ideal, por cierto, es que todos los extractores de madera apliquen un manejo adecuado que obedezca a una legislación mejor que la actual y que, lamentablemente, aún está por ser hecha. Mientras tanto, el Perú no se perjudica con la inclusión de esa especie en el Anexo II del CITES que no prohíbe aprovecharlo, sino que apenas, fiscaliza mejor su comercio internacional. De otra parte, el CITES es una oportunidad para que el shihuahuaco peruano reciba precios más elevados y más justos. Las empresas forestales serias se beneficiarán, así como todos los peruanos que disfrutarán de un bosque saludable.

Escribe: Dr. Marc J. Dourojeanni Ricordi

Fuente : AgroPeru

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