diciembre 9, 2022

La cuarta revolución industrial y su impacto en la agricultura

A finales de 2019 se extendió la vigencia de la Ley de Promoción Agraria, con el fin de mejorar las condiciones laborales del sector. Los principales cambios incluyen aumentos en las remuneraciones, vacaciones, aportes a EsSalud, entre otros. Si bien estas modificaciones buscan proporcionar una mejor calidad de vida para el trabajador y resultan positivas en ese aspecto, al mismo tiempo incrementan los costos laborales para las compañías. ¿Cómo mantener la competitividad en este escenario?

El nuevo contexto exige que las empresas mejoren su productividad para obtener resultados óptimos que les permitan mantenerse competitivos en el sector, especialmente en el agroindustrial; y el método más apropiado para hacerlo es participar de la llamada cuarta revolución industrial. Esta transformación, impulsada por la tecnología, brinda un abanico de herramientas digitales que se debe aprovechar para desarrollar cuatro capacidades clave para mantener el liderazgo durante los próximos años.

Primero, es necesario maximizar el uso de datos derivados de los procesos digitalizados. Su correcto uso permite tomar mejores decisiones de negocio, al estandarizar y analizar información para reconocer patrones y formular recomendaciones. En otras palabras, generan un «so what» a partir de la gran cantidad de datos disponibles para muchas organizaciones, que no llegan capitalizarlos por la falta de gestión.

Segundo, las empresas agrícolas deberán participar en ecosistemas de colaboración para generar, gestionar, desarrollar datos y modelos de negocio emergentes de la transformación. Estos nuevos modelos colaborativos de negocio permiten a los diferentes participantes – productores, universidades y otras fuentes de innovación – identificar tendencias y capitalizar el conocimiento externo. La colaboración debe basarse en la evaluación objetiva de las capacidades diferenciadoras de la empresa para determinar dónde se puede capitalizar las fortalezas de un socio externo.

Si bien la innovación es un objetivo clave para la mayoría de las compañías, la tercera capacidad requiere que las habilidades core de la empresa se alineen con sus aspiraciones innovadoras. Las compañías agrícolas necesitarán establecer nuevos procesos de evaluación, priorizando el uso sistemático de las tecnologías emergentes. Además, se requerirá de una colaboración interfuncional para identificar, desarrollar e implementar unidades internas de I+D, y la tecnología capaz de construir pilotos en el menor tiempo posible; con un enfoque ágil para llevar las ideas más prometedoras al mercado rápidamente.

Por último, es pertinente monetizar las oportunidades de sostenibilidad. Esta no es un esfuerzo de marketing netamente, pues impacta el modelo operativo de la empresa, decantando en mejoras sustanciales en eficiencia, como el desarrollo de nuevos fertilizantes y formas más precisas para mejorar las características de la planta: menor huella en el medio ambiente, promoción de micro riego, incremento en el compostaje y la captura de energía, entre otros. El éxito en este campo dependerá de la comprensión que tenga la compañía respecto a las expectativas sociales, los cambios ecológicos y los avances tecnológicos con los que pueden abordar ambos temas.

La cuarta revolución industrial transforma los negocios por completo, y la agricultura no es la excepción. La agilidad, eficiencia y capacidad de innovación, de la mano de un mejor uso de la información será lo que caracterice a los modelos “ganadores”. Las empresas agrícolas peruanas, y sobre todo las agroexportadoras, deben seguir ese camino para cumplir con sus objetivos a mediano y largo plazo.

Fuente: gestion

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